miércoles, 2 de septiembre de 2009

No está el horno para 'ferias de vanidades'

Patxi López se gusta mucho. Pero mucho, mucho. Me lo imagino cantando cada mañana al salir de la ducha, delante del espejo del baño, con un desodorante a modo de micrófono. Está en su derecho: yo también lo hago. Es más, yo también me caigo bien. Y si mañana me llamase 'Vanity Fair' para fotografiarme para su próximo número, temblaría de emoción. Pero claro: yo no presido un gobierno. Yo no soy lehendakari. También es verdad que yo jamás hubiera pactado con el Partido Popular, y menos con el más reaccionario de España, el de Euskadi, cuyos dirigentes y militantes me merecen todo el respeto y solidaridad por su condición de perseguidos por ETA, pero ello no les convierte automáticamente en salvaguardas de la razón y la dignidad política. Lo siento: Arantza Quiroga, presidenta del Parlamento vasco y diputada del PP, es muestra de la peor derecha, la más conservadora, la más irresponsable en el intento de imponer sus juicios morales como religión civil (como con sus opiniones contrarias al uso del preservativo). Que el PSOE, por simples ansias de poder, convierta a esta señora, cuyo capital político según hemos podido saber empieza y acaba en esa doctrina opusiana, es algo que todavía no me explico. Así soy de rarita. Pero ése es otro asunto.

El caso es que he leído que el lehendakari López no se lo ha pensado dos veces y va a salir en el 'Vanity Fair' (una revista sobre la frivolidad del ser buen pijo), de la guisa que se aprecia en la foto que ilustra estas líneas. Y yo me digo: está muy bien que se quiera tanto este hombre, pero, ¿no tiene asesores? ¿Nadie le ha dicho que, en plena crisis económica, posar en su nada austera residencia institucional, mirando a las musarañas con gesto ocioso y aislado del mundo real por su iPod, no parece lo más acertado? ¿Qué imagen van a tener los vascos de su gobernante? Probablemente López se vea la mar de mono en el retrato, y mal no sale, la verdad, pero una no deja de pensar, al verle tan plácidamente espatarrado, que podría dedicarse menos a la galería y más a resolver los problemas de su gente, que con la que está cayendo, haberlos, haylos. Un, dos, tres, responda otra vez.

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