sábado, 26 de diciembre de 2009

Un descubrimiento y una recomendación: Pere Bessó

Hace unos días, descubrí como una grata sorpresa que había alguien ahí, al otro lado del laberinto incierto y abismal que es la Red. Resulta que, más allá de mi amiga Merche o de algún otro conocido a quien he hablado de este blog alguna vez, ¡me había leído alguien! Y me estaba comentando, compartiendo conmigo una opinión sobre un texto mío de esta bitácora.

Más tarde pude constatar un nuevo descubrimiento, más grato aún. Y es que ese alguien no era un alguien cualquiera, sino todo un artista: un poeta valenciano llamado Pere Bessó, que me dejaba junto a su opinión la dirección de su propio blog, en el que van publicando poemas suyos ilustrados con sugerentes imágenes.

No entiendo gran cosa de poesía, pero he de confesar que su escritura me ha causado muy grata impresión, así que para animaros a visitar su bitácora, aquí os dejo uno de sus poemas:

VÍVERES

¿Dónde encontrar hoy el óleo sanador
de la ceguera,
el aliento contumaz del amigo que vigila,
el espliego salvaje para incendiar el icono,
savia de silencios volteados al atardecer,
cachos de pan porque la noche mendiga
ofrezca su canto de estrellas y grillos
sobre la hojarasca?

martes, 22 de diciembre de 2009

Nubes de navidad

Soy agnóstica con frecuentes crisis de ateísmo, y, sin embargo, me gusta la Navidad. Soy una progre redomada que reniega del corsé de las tradiciones y de los atracones consumistas, y, sin embargo, me gusta la Navidad. No sólo me gusta, sino que además reniego de esa extendida necesidad imperiosa tan políticamente correcta de criticar estas fechas para luego, por la espalda, explotar ostentosamente todo aquello que las hace tan supuestamente odiosas. Y reniego más aún de la cursilada que se ha puesto tan de moda últimamente de rehuir la terminología navideña y celebrar y desearse un buen "solsticio de invierno".

Me gusta la Navidad porque aprovecho estas fechas para reunirme con un montón de gente a la que es imposible ver el resto del año. Gente amiga y familia a la que acudo no por tedioso compromiso, sino con las sinceras ganas de encontrarme con ella y disfrutarnos. Me gusta la Navidad porque, desde la austeridad que intento inculcarle para que valore lo que tiene, me apasiona ver reflejada en la ilusión de mi hija toda mi sana nostalgia de la niñez. Me gusta la Navidad porque me trae a la memoria las cenas numerorísimas en el pueblo, en casa de mi abuela, en las que lo de menos era el motivo de reunión (Nochebuena) y lo de más era enlatarnos cual sardinas, reírnos durante horas, cantar, tenernos los unos a los otros.

Me gusta la Navidad, sí, porque aunque vaya de dura soy una cursi, ¿qué pasa?

Así que Feliz Navidad, ¡ea!

domingo, 20 de diciembre de 2009

Paripé, decepción y recambio climático de Copenhague

Mi vuelta a la bloggosfera ha consistido no sólo en volver a escribir en esta bitácora, sino también en volver a visitar algunos blogs ajenos y otras páginas webs que tenía algo abandonadas. Tras comprobar con un escalofría de fúnebre sorpresa que Soitu.es ha dejado de existir, he regresado a una bitácora que descubrí por casualidad cuando empecé a escribir la mía y que siempre tiene algo interesante: se trata de Ciberculturalia. Esta semana, Carmen, su autora se ha dedicado a retratar varias caras bien concretas del cambio climático y sus efectos en la realidad de la Tierra, sus ecosistemas y sus gentes.

Mientras, en Copenhague se reunía también esta semana la flor y nata del liderazgo mundial, con la policía reprimiendo ferozmente a los manifestantes que reclamaban acuerdos efectivos para salvar al mundo de la catástrofe ecológica y humanitaria del calentamiento global. Y, como era de esperar, la cumbre del clima se ha saldado con unos compromisos nada ambiciosos, sin garantía alguna de que vayan a cumplirse, y con una foto en la que los líderes salen sonriendo y tras la cual, hacen valoraciones según las cuales todo el mundo ha salido ganando.

Y digo yo, para esto, ¿era necesario montar una bacanal diplomática en la ciudad de la Sirenita? ¿Cuánto ha costado la dichosa Cumbre? ¿Y todo para que Estados Unidos diseñe a su antojo -y en definitiva, al antojo falto de compromiso de todas las partes- un acuerdo que califican de "insuficiente" y del que además subrayan su carácter "no vinculante"?

Ayer mismo me enteré que mi alcalde, José Masa, ha estado en la cumbre presentando ante otras ciudades del mundo el proyecto Rivas Ecópolis que se desarolla aquí en Rivas Vaciamadrid, que consiste en ejecutar políticas municipales contra el cambio climático. No conozco en profundidad el proyecto, más allá de informacion sobre algunas medidas sueltas, pero sí sé desde hace tiempo del compromiso medioambiental de la ciudad en que vivo. Y siempre es un gustazo saber que hay quien cree que las cosas pueden ser de otra manera y actúa en consecuencia, pero a una, en momentos en que lee noticias como las del resultado de la Cumbre de Copenhague, no deja de sonarle todo eso una triste ilusión. No quiero que me venza el pesimismo, pero si lo que se hace en Rivas es una excepción, y aunque no lo fuese, si más allá de lo que puede hacer una ciudad o un puñado de ciudades, los grandes mandamases del mundo mundial no son capaces de estar a la altura tomando decisiones de mayor envergadura que sólo están en sus manos, ¿qué podemos esperar? Pienso en mi hija y me repugna la mierda de mundo que va a heredar de nosotros, que no quisimos hacerlo mejor.

En fin... Toda mi solidaridad con el director de Greenpeace España detenido, así como con el resto de manifestantes que han tenido "problemas" con la policía. Y nada, a seguir disfrutando todos de veranos de seis meses y feroces temporales invernales repentinos. Total, el frio que está sacudiendo ahora Madrid y España entera es un peaje incómodo, pero insignificante si pensamos que hasta noviembre hemos estado aprovechando la terracita, ¿no? Pues suma y sigue. O resta, mejor dicho, y sigue.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Lo de Inés Sabanés

Si vives en Madrid y no eres del PP, cosa que cada vez puede parecer más improbable por difícil de entender que le parezca a una, es imposible no sentir simpatía hacia Inés Sabanés. No porque sea alguien especialmente afable o simpática, lo cual desconozco porque no tengo el gusto de haberla tratado personalmente, aunque pueda intuir que sí, sino porque tiene una forma de hacer política que, más allá de las coicindencias que puedan tenerse desde lo que piensa cada cual, resulta cercana y aún diría más: empática. Cuando me llegan declaraciones suyas, a través de la televisión o de la prensa (cosa no tan frecuente como debiera), o a través de las facilidades que da internet para acceder a mucha información vetada en los grandes medios de comunicación, siento una punzada de reconocimiento personal en lo que ella dice y en cómo lo dice. Siento que está hablando de algo que me importa, que me afecta, que está, en definitiva, representándome. Y eso, con los tiempos que corren en la fangosa actualidad política, no es nada habitual.

Inés Sabanés, ya se sabe desde hace algunas semanas, no va a ser la candidata de su partido, Izquierda Unida, en las próximas elecciones autonómicas. Esta noticia nos ha dejado a mucha gente (lo percibo en mi ambiente más cercano), huérfana de un referente político muy importante. Yo no entiendo cómo se mueven los hilos del razonamiento en los aparatos políticos, pero sí sé, como ciudadana, y como persona medianamente informada, que cuando en cuestiones tan delicadas como quién es la cara y la voz de una opción política ante un electorado, las motivaciones tienen más que ver con el sectarismo interno o los equilibrios entre familias o los rodillos de las mayorías, estas cosas pasan factura. No es sólo que Inés Sabanés no vaya a ser candidata tal y como muchos madrileños y madrileñas querríamos. Es que además no sabemos por qué. Evidentemente IU está en su derecho de decidir cuales son sus candidatos, pero si este partido aspira a representar a alguien debería preocuparse por dar alguna razón. A lo mejor me estoy anticipando y luego resulta que el nuevo candidato es el mejor posible, pero por el momento todo lo que me llega es condolencias por la marcha de Inés Sabanés y ninguna explicación de por qué ese cambio ni ninguna defensa del nuevo candidato.

Me considero una persona de izquierdas. La mayoría de las veces que he votado, lo he hecho por Izquierda Unida, excepto en dos ocasiones -tras las que siempre me he arrepentido- en que he tirado del mal llamado 'voto útil' como quien se deja de enredar por un canto de sirenas. No creo que vuelva a votar jamás al PSOE, visto lo visto. Pero de Izquierda Unida sólo percibo últimamente palos de ciego. Me gusta la cercanía de Cayo Lara pero me cuesta mucho entender su mensaje, porque no veo que concrete ni profundice en nada, debe de llevar ya un año más o menos como coordinador general de IU y más allá de su imagen de "hombre corriente" no veo chicha ni limoná, que diría mi abuela.

Ahora, con lo de Inés Sabanés, no sé ya qué pensar. Repito: no es sólo que no vaya a ser la candidata. Es la frustrante comprobación, y ojalá me equivoque, de que Izquierda Unida mira más hacia adentro, hacia su propio ombligo, que hacia afuera.

Menos mal que vivo en Rivas y en la Izquierda Unida de aquí, que gobierna el Ayuntamiento, sí tengo ejemplos de lo que es una izquierda alternativa y diferente, que comete errores (está claro, ¿quién no los comete?), pero que defiende nuestros intereses como vecinos con políticas progresistas de verdad, de servicios públicos, de medio ambiente, de cultura, de deporte, de viviendas sociales, etc. Creo que si sigo votando a IU más allá de las elecciones municipales, será por influencia de lo local, porque, desde luego, hace mucho que ningún partido político nacional me da alegrías.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Aminetu ya está en casa

Este último mes y pico he seguido muy de cerca el caso de Aminetu Haidar y su huelga de hambre. Durante mis años universitarios, estuve muy implicada en el asociacionismo solidario con la causa del Sahara y más tarde, en el año 2000, visité los campos de refugiados en el desierto argelino con una amiga oftalmóloga y un proyecto de cooperación con el pueblo saharaui en el que ésta participaba, una especie de "misión" médica con revisiones ópticas y distribución de gafas y materiales sanitarios oftalmológicos. Fue toda una experiencia, inolvidable, que me descubrió en las distancias cortas una realidad mucho más cruda de lo que había calibrado en mis años de facultad. Y sobre todo: me acercó a las mujeres saharauis y su enorme hazaña de resistencia y dignidad en mitad de la nada. Su hospitalidad y su sencilla mezcla de humildad ante la vida y orgullo ante su causa, realmente me impresionaron.

Es por ello que he sentido muy dentro toda la fuerza de esta gran mujer que es Aminetu Haidar. Torturada en cárceles secretas marroquíes durante cuatro años, cuenta con la fuerza arrolladora de la palabra y el sentido común como banderas. El 14 de noviembre le cerraron las puertas de su casa las autoridades marroquíes ocupantes, y le impidieron regresar allí donde la esperaba su familia. Su pasaporte le fue retirado arbitrariamente, y pasándose el derecho internacional por el arco morisco de Mohamed VI, fue expulsada de El Aaiún y enviada a España, donde alguna autoridad oficial (y todavía no se sabe quién, ya que Moratinos ha sido incapaz de explicarlo) permitió su entrada. A partir de entonces, Aminetu Haidar se rebeló y, sin abandonar el aeropuerto de Lanzarote, ha estado en huelga de hambre hasta que ayer se pudo deshacer el nudo diplomático con la intermediación de Francia y, hoy, Aminetu ya está en casa.

Me alegro. Todas las presiones ante el Gobierno dictatorial marroquí (culpable) y ante el Gobierno progre 'naïf' español (responsable), han servido para algo. Sólo espero, como dijeron muchos de los artistas que pasaron por el concierto solidario con Aminetu que se celebró en mi ciudad, Rivas, hace dos semanas, que este caso no se archive con su resolución, sino que sea el inicio de una conciencia más intenso de apoyo a la causa saharaui. Y que el propio Gobierno espabile con este tema.

Os dejo un vídeo de Europa Press sobre aquel concierto inolvidable de Rivas y aquí podéis leer una entrevista a Aminetu, ya en su casa.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Ya empiezo con los propósitos de año nuevo: retomar el blog

Pues eso. En esta época en que a una le toca pensar en qué cosas a su alcance va a procurar cambiar, mejorar o innovar ante el año que empieza, he decidido que una de ellas va a ser retomar la escritura y publicación periódica de esta bitácora que me abrí en verano y que, si bien tuve activa las primeras semanas, con el inicio del curso quedó primero relegada a un tercero o cuarto plano de prioridades y, después, finalmente caída en olvido. Pero como no dejo de recordar la labor terapéutica que me reportaba abrir un paréntesis en mi rutina y dedicar unos minutos del día a reflexionar sobre mi vida o la actualidad, hago propósito de enmienda y me comprometo conmigo misma, aunque dude muy mucho de que haya alguien para leerlo al otro lado, a recuperar aquella incipiente costumbre.

Dicho esto, ¡hala!, me voy a entregar mi tarde de jueves a ejercer de Reina Maga en el H2Ocio con mi Santo marido, mientras la peque es "retenida" en el cumpleaños de una amiga del cole.

martes, 15 de septiembre de 2009

...y luego recibe lo que da

Hay lunes, y lunes. Ayer tuve un día de lo más complicado y estresante, ya que a la sensación, digamos, poco llevadera que me trae cada inicio de semana, tuve que sumar la vuelta al cole de Elena y un marrón inesperado en el trabajo, marrón que va a engordar un poquito mi sueldo (tampoco es tan difícil) pero que va a hacerme llevar trabajo a casa en esta semana y la próxima.

Sin embargo, a eso de media tarde, el estrés se me esfumó. Mi hermano Pablo me llamó por teléfono:

-¿Qué haces este miércoles por la noche?

-Corregir un recetario de cocina, ¡curro extra!

-¿Qué tipo de cocina?

-Canaria.

-¿Platos con una hora menos, y cosas así?

-Tonto, ¿qué quieres?

-Tachán, tachán: tengo una entrada de sobra para un concierto de Jorge Drexler. ¿Te vienes?

Ay, ¡Drexler! Pues claro, ya le robaré horas al sueño con el libro de recetas canarias. Ya engatusaré a Juan para que se entregue solito en exclusiva por una noche a los cuidados familiares.

Y en efecto, cuando al rato volvió Juan de hacer una compra exprés de emergencia en el Mercadona, antes aún de que soltase las bolsas, le solté yo lo de la invitación de mi hermano.

-Okey, princesa -me dijo encogiéndose de hombros, moviendo extrañamente los brazos extendidos de los que caían víveres variados-, me pillas desarmado y estás preciosa, ¿cómo iba a negarme?

Este hombre, cuando quiere, es un cielo. Al rato, cuando ya habíamos cenado y acostado a Elena, estábamos acurrucados en el sofá haciendo 'zapping' sin orden ni concierto, y Juan me susurró de pronto:

-Estás de suerte hoy: tu hermano te invita a un concierto este miércoles y yo te regalo por nuestro aniversario una escapada romántica a Roma para el puente del Pilar.

Sin palabras. Me quedé sin palabras. Definitivamente, mi Juan es un cielo. Y definitivamente, no es que haya lunes y lunes, es que dentro de un lunes caben muchos lunes.

Me acosté recordando, irónicamente, esta canción de Drexler, 'Todo se transforma'. No sé si merezco estos dos regalazos, y en verdad no creo que ningún orden cósmico se encargue de recompensarnos o devolvermos lo que hacemos cada día, lo que damos a los demás, etc., pero qué más da eso: mañana voy a ver al Drexler en directo y en octubre, voy a conocer una ciudad maravillosa.



Y ahora, cierro este paréntesis en la oficina, y vuelvo al tajo, que tengo mucho, mucho que hacer.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Ayer vibré con Amaral en Rivas

Hoy estoy, más que nunca, en las nubes. La culpa la tiene Amaral, uno de mis grupos favoritos, que ayer tocó en el auditorio nuevo de mi municipio, Rivas Vaciamadrid. Puede que no sea objetiva porque me encanta su música, pero me pareció que, además, el directo fue espectacular. Se me pone la piel de gallina de recordar no sólo las canciones, sino el ambiente en general: las luces y sus juegos en el escenario, el impresionante auditorio abarrotado de gente entregadísima, el calor humano del bueno. Ayer vibré tanto con Amaral que hoy sigo levitando, y me he levantado con su música y su magia aún metida por dentro. Por suerte, no fui la única y al buscar "Amaral Rivas" en Youtube he visto que alguien ya había colgado algunos vídeos de la actuación, y no quiero dejar de colgar en esta bitácora una de mis canciones favoritas y el que fue, también, para mí uno de los mejores momentos del conciertazo.

viernes, 11 de septiembre de 2009

No en mi nombre

Temo empezar a tomar un tono excesivamente mitinero en una bitácora que pretende volcar mi mirada personal sobre todo en general, y no sólo sobre la poco atractiva actualidad política, pero me reconozco cautiva y desarmada ante las continuas idas y venidas del Gobierno con el tema de la crisis. En menos de un mes han anunciado, desmentido, insinuado, intuido o conjurado sobre subir los impuestos a las rentas más altas, dejarlos como están, meter mano al chollo ése de las SICAV para que no sean el coladero del descontrol fiscal, pero no mucho, no sean que las grandes fortunas se molesten, etc.; y parece que al final, todo el retoque de impuestos no va a tener nada que ver con la presión fiscal sobre rentas altas y sociedades, sino que de nuevo va a volverse a subir los impuestos indirectos. O sea, que yo, mujer licenciada mileurista al borde de los 40, con contrato de obra y servicio, voy a tener sobre mi espalda la misma carga proporcional de lo que nos cuesta a todos la crisis que, por ejemplo, Botín o el dueño de El Corte Inglés. Y si para mí, que tengo un marido con un empleo estable y un poco mejor remunerado, y tenemos 'sólo' una hija, supone una clara injusticia, no quiero ni ponerme en la piel de las personas que están en peor situación. Por ejemplo, los parados que han de conformarse con las migajas de los famosos 420 euros y que cuando compran algo también pagan IVA... como, repito, Botín o el dueño de El Corte Inglés.

Lo que más me jode es que, en cierta medida, esto se está haciendo también "por mi culpa". Yo voté a Zapatero hace un año y medio. Me creí eso de que venían los cavernícolas herederos del franquismo y que votar a una opción más de izquierdas era, aritméticamente, tirar mi voto a la basura. Ya me pasó en el 2000 con Almunia, y de poco sirvió porque ganó la derechona de Aznar con una mayoría absoluta aplastante. Y ahora me ha vuelto a pasar y, a pesar de que no ganó Rajoy, siento que mi voto ha sido de todo menos útil para lo que yo quería: vivir mejor, sencillamente; y que quienes me rodean y quienes más necesidades tienen también viviesen mejor.

Así que, como el tiempo no se puede echar hacia atrás, como Zapatero no me va a devolver mi voto, sólo me queda repetir una y otra vez que, aunque yo tenga parte de responsabilidad, nada de esto es en mi nombre.

martes, 8 de septiembre de 2009

¡Torera!

Ayer me contaba mi amiga Merche, en una de nuestras tertulias de madres-que-llevan-a-sus-retoños-al-parque, que su hija Marina, de cinco años, le había preguntado para qué servía la Filosofía. La pregunta, lejos de no venir a cuento y descubrir a Marina como una niña prodigio que se cuestiona a tan tierna edad lo humano y lo divino, estuvo motivada porque la niña antes había interrogado a su madre a qué se dedicaba. La cosa debió de proseguir así:

-Soy profesora, cariño, ya lo sabes.

-¿Y por qué no puedo ir a tu clase en tu cole? -replicó hábilmente la mocosa que, por cierto, es una ricura de cría.

-Porque es un cole de mayores. Soy profesora de Filosofía.

-¿Y eso qué es? -¡caramba!, se encendieron las alarmas.

-Es una cosa que estudian los niños mayores -contestó como pudo Merche, mientras combinaba sus reflejos dialécticos con el arte de calzar a su hija, que no paraba de mover las piernas.

-¿Y para qué sirve la Fisofolía? -insistió la pequeña.

-Pues para pensar. Para ayudarnos... a pensar... mejor -titubeó la docente de secundaria y bachillerato con once años ya de experiencia. Y su hija paró las piernas y dibujó un gesto muy alejado de la complacencia. Vaya birria de respuesta...

La pobre Merche, aunque se partía de risa contándomelo, no dejaba de mostrar cierta preocupación porque, más allá de los aprietos preguntones de los niños a esa edad, le resultaba tremendamente complicado responder a la pregunta de su hija.

A mí, y así se lo conté a mi amiga, la anécdota me recordó a aquella otra célebre en que al torero Rafael Torres le presentaron al filósofo Ortega y Gasset, y, cuando el matador quiso saber a qué se dedicaba un filósofo y le contestaron lo mismo que Merche a su hija ("A pensar"), el tal Rafael Torres no dudó en afrimar rápidamente: "Hay gente pa to".

Merche, que sorprendentemente no conocía esta historieta, exclamó entre carcajadas:

-Espero que Marina no me salga torera.

Hijas...

sábado, 5 de septiembre de 2009

El primer día del resto de mi vida


Aunque a mi Juan se le atragante un poco y siempre se resista a mis sugerencias cinematográficas, me encantan las películas francesas. Qué voy a hacerle. Yo soy de las que en BUP estudió francés, no inglés, y en 2º tuve una profesora absolutamente enamorada del cine galo que se servía de escenas, fragmentos y, a veces, películas enteras para que ilustrar sus lecciones de gramática o vocabulario, y para que cogiéramos soltura con expresiones más coloquiales. Mientras mis compañeros de clase bostezaban o cuchicheaban en conversacions paralelas, yo me entregaba con una pasión desmedida a aquellas historias, aquellos actores y actrices, aquel idioma fascinante en su boca poniendo voz a imágenes fascinantes. Supongo que siempre he sido un poco rara, porque ahora que lo pienso, no es muy normal que a los 15 años te flipen 'Los 400 golpes' de Truffaut, o 'Al final de la escapada' de Godard. Aquel curso pasó, pero mi interés por el cine francés ha seguido despierto, y de 'Delicatessen' a 'Amélie', pasando por Kiéslowski y sus 'Tres colores' y por todo François Ozon, intento no perderme casi ninguna película francesa que se estrena.

Así que, después de intentarlo todo el verano, el otro día mi hermana se quedó con Elena y arrastré a Juan hasta los cines Renoir de Plaza de España, no sin aguantar durante todo el camino sus pegas y las cariñosas apreciaciones que me dedicó: desde "cursi" a "intelectualoide", pasando por el repertorio de topicazos antifranceses. Le faltó sacar el tema de 1808 y la Guerra de la Independencia. Pero lo conseguí: llegamos a los cines, y compramos dos entrados para 'El primer día del resto de tu vida'.

Y la verdad es que hasta a mi marido le gustó, con eso digo todo.

La película se pone en la piel de los cinco miembros de una familia (matrimonio, dos hijos y una hija pequeña) para retratar, desde la mirada de cada uno de ellos, cinco días diferentes y decisivos en sus vidas a lo largo de doce años. Así, al espectador le resulta natural empatizar con las decisiones, las contradicciones y la forma de actuar de cada uno de ellos, y todo esto no es más que una excusa para abrir en canal lo políticamente correcto de la convivencia familiar y, dejando a un lado convencionalismos, ir al grano de aquello que de verdad importa: los afectos, los extraños lazos invencibles que teje el compartir techo y vivencias con quienes nos son más cercanos.

No es una película especialmente taquillera y ya lleva algún tiempo en cartel, por lo que si alguien quiere verla (y ese alguien, por una remota casualidad, lee este blog: mira tú si lo pongo difícil, jejeje), debería darse prisa. Insisto: hasta a Juan le gustó. Y digo más: aunque él nunca lo reconocerá, le vi de reojo secarse unas lagrimillas.

Si es que, aunque se le llene la boca con que no le gusta el cine francés, el que es un blando, es un blando.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

No está el horno para 'ferias de vanidades'

Patxi López se gusta mucho. Pero mucho, mucho. Me lo imagino cantando cada mañana al salir de la ducha, delante del espejo del baño, con un desodorante a modo de micrófono. Está en su derecho: yo también lo hago. Es más, yo también me caigo bien. Y si mañana me llamase 'Vanity Fair' para fotografiarme para su próximo número, temblaría de emoción. Pero claro: yo no presido un gobierno. Yo no soy lehendakari. También es verdad que yo jamás hubiera pactado con el Partido Popular, y menos con el más reaccionario de España, el de Euskadi, cuyos dirigentes y militantes me merecen todo el respeto y solidaridad por su condición de perseguidos por ETA, pero ello no les convierte automáticamente en salvaguardas de la razón y la dignidad política. Lo siento: Arantza Quiroga, presidenta del Parlamento vasco y diputada del PP, es muestra de la peor derecha, la más conservadora, la más irresponsable en el intento de imponer sus juicios morales como religión civil (como con sus opiniones contrarias al uso del preservativo). Que el PSOE, por simples ansias de poder, convierta a esta señora, cuyo capital político según hemos podido saber empieza y acaba en esa doctrina opusiana, es algo que todavía no me explico. Así soy de rarita. Pero ése es otro asunto.

El caso es que he leído que el lehendakari López no se lo ha pensado dos veces y va a salir en el 'Vanity Fair' (una revista sobre la frivolidad del ser buen pijo), de la guisa que se aprecia en la foto que ilustra estas líneas. Y yo me digo: está muy bien que se quiera tanto este hombre, pero, ¿no tiene asesores? ¿Nadie le ha dicho que, en plena crisis económica, posar en su nada austera residencia institucional, mirando a las musarañas con gesto ocioso y aislado del mundo real por su iPod, no parece lo más acertado? ¿Qué imagen van a tener los vascos de su gobernante? Probablemente López se vea la mar de mono en el retrato, y mal no sale, la verdad, pero una no deja de pensar, al verle tan plácidamente espatarrado, que podría dedicarse menos a la galería y más a resolver los problemas de su gente, que con la que está cayendo, haberlos, haylos. Un, dos, tres, responda otra vez.

domingo, 30 de agosto de 2009

Periodismo de autora

Empecé hace diez días con esto del blog, y pronto me di cuenta de que, tal y como me animaban mi marido y varias amistades, esto de dedicarle diariamente unos minutos a asomarse al mundo virtual desde esta especie de cuaderno personal, me gustaba, y que incluso podía llegar a engancharme. Sin embargo, llevo casi una semana sin actualizar la bitácora porque, a la vez, no he dejado de pensar en lo absurdo y contradictorio que es esto de la vida y la comunicación virtuales. Una adquiere la extraña pose ante sí misma de retomar la afición adolescente a plasmar sus experiencias, sus ideas y sus neuras en un diario íntimo, personal y confidencialíiiisimo, guardado bajo siete llaves debajo del colchón; pero, a la vez, la actitud es también la misma que la de quien cree que tiene una visión genuina de lo que pasa a su alrededor especial, una visión que "puede interesar a alguien". Igualmente, y por si el cóctel no tuviera suficientes ingredientes ya, una es una misma y a la vez el personaje que se crea, como siempre en la vida en general pero además, como "emisora" de un mensaje que no sabes exactamente quién va a leer, ni quién quieres que lea ni con qué finalidad en concreto. Al menos me pasa a mí.

Me he sorprendido hace un rato, releyendo las pocas entradas que llevo escritas y publicadas, al ver cómo he hecho una crónica sobre cómo he pasado el verano, he hablado del vértigo, las contradicciones y las gratificaciones de ser madre, he vomitado una revelación personal sobre la cicatriz de un viejo desamor, he opinado sobre los ecos de actualidad política que los gritos de Belén Esteban me dejaron en los tímpanos. Todo ello, movida por las ganas de contar algo, pero a la vez sin saber muy bien por qué ni a quién se lo contaba, ni por qué ni a quién quería contárselo. ¿A mí misma, quizás? Pero para eso, una no tiene un blog.

Ayer le hablé de todo esto a mi amiga Merche mientras nuestras niñas jugaban juntas en unos columpios del Parque Lineal. Merche no tiene blog pero fue una de las instigadoras de que yo me lo abriese, y hasta ahora no sabía que le había hecho caso. Porque ésa es otra: hasta el momento, he mantenido esta bitácora en un limbo, publicada, abierta a todo el mundo, pero sin publicitársela ni a mis personas más cercanas. Ni amigos, ni familia, ni mi marido.

Ella me dijo dos cosas: la primera, que yo era una mala amiga por no haberla invitado ya a conocer mi blog, y que ya le estaba dando la dirección para "deleitarse" (sic) con mis paranoias literarias. La segunda, que no me limitase a "escribir y ya", sino que me "moviese" por el mundo cibernético, que buscase blogs afines, los siguiera y comentase, los enlazase desde el mío, etc. Me dijo que buscara también páginas donde se agrupen otros blogs por temáticas, afinidades políticas, aficiones, intereses comunes, etc... Según ella, no hay nada de malo en hablar de lo que a una le salga del "piiiiiiiiiiiiiiii", sean anécdotas familiares, cuentos infantiles, chistes verdes u opiniones políticas de mayor o menor calado. Y me convenció con una frase de ésas reveladoras que sólo pueden salir de la boca de una buena amiga y profesora de Filosofía: "A fin de cuentas, ¿no era eso el 'periodismo de autor' que tanto te gustaba?".

Así pues, sigo mi camino bloggero, sin vergüenza, ni esconderme, sin complejos del ego inherente a esto de exhibir las ideas y vivencias, y saldré, además, al encuentro de más gente asomada a este patio global de vecinos...

PD: Al llegar del parque a casa, también salí del armario para Juan, pero sólo a medias. "Cariño, ¿te acuerdas de lo que me dijiste de hacerme un blog? Pues ya lo tengo". Me pidió que se lo enseñase, y de momento le he dado largas. Despacito y con buena letra.

martes, 25 de agosto de 2009

Nubes de rutina

El domingo, cuando volvimos del pueblo, nos trajimos a Elena. Mis pobres padres se están ganando el cielo con su papelón de guardeses de nuestras proles, como dice el cachondo de mi hermano mayor. El caso es que el domingo por la tarde, a la vuelta, ya anocheciendo pasadas las nueve de las tarde, Elena venía durmiendo plácidamente en la parte de atrás, mientras mi Juan, mi marido, venía de copiloto y toqueteaba compulsivamente el porta-CD's (qué horror de palabra, ¿se escribe así? En casa del herrero...) y ponía y quitaba discos continuamente. Yo conducía, poniéndome de los nervios ante la locura musical.

-Menos mal que eres mejor marido que DJ -le dije.

-Bueno, vale, ya dejo éste -cedió él, cuando tomamos la vía de servicio de entrada a Rivas. O sea: cuando quedaban cinco minutos para llegar a casa.

Unas pocas nubes de color violeta mordían el cielo que iba apagándose, y Elena se desperezó con un bostezo que parecía incorporado a los primeros compases de la canción que empezaba a sonar. "Yo adivino el parpadeo de las luces que, a lo lejos, van marcando mi retorno...", era Carlos Gardel en una curiosa versión de 'Volver' con tintes de jazz. Las horas que se me pasa mi Juanillo en el e-Mule, madre...

Y tomamos la curva de entrada como quien desafía a la frente marchita de Gardel, alegres, reconfortados de sabernos en casa.

-¡Papá, mamá: el pirulo! -gritó contenta Elena señalando con el dedo la extrañísima, fea e incomprendida escultura que adorna la rotonda de entrada-. ¿Cenamos hamburguesa?-dijo acto seguido, cambiando la dirección de su dedo hacia el McDonnald.

-No -terció Juan, haciendo esta vez de 'poli' malo-. Tenemos atún con tomate que nos ha metido la abuela en un 'tupper'.

Y llegamos a casa. Volvimos. Y Elena, sí, con la frente marchita.

lunes, 24 de agosto de 2009

Nubes del pasado

Hoy he visto a Raúl, mi ex, poco antes de las ocho de la mañana. Nos hemos cruzado en un pasillo del Metro, entre una marea humana enloquecida en plena hora punta (luego dicen que Madrid se vacía en agosto, pero lo de Avenida de América no conoce calendario vacacional: como yo). Apenas hemos intercambiado tres frases. Estaba tan arrogante como siempre.

-¡Maite!, ¿qué tal? -me ha saludado él con una efusividad absolutamente impostada.

-Hola... pues aquí, yendo al curro -he contestado, haciendo gala de una retórica de manual, desde luego.

-¿No estabas en paro? ¿Qué tal las vacaciones?

¿No sabías que se hacen preguntas de una en una?, como se nota que se saltaba las clases de Redacción Periodística y luego ni siquiera se leía los apuntes que yo tomaba.

-No tengo vacaciones hasta octubre. Estoy trabajando en una editorial... Correcciones de estilo, archivo, prensa. ¿Y tú, sigues ahí... en Onda Cero?

-Punto Radio, sí. En deportes. Hoy vuelvo de las vacaciones. He estado por Escandinavia. Ya sabes, Noruega, Suecia, Finlandia...

Sí, ya sé, conozcoloquesignificaEscandinavia, cretino, tengo la casa entera amueblada de Ikea, la discografía completa de Abba, y anoche me tragué 'Dogville', de Lars von Trier, en DVD.

-Qué frío.

-Bueno, en verano, una temperatura ideal-. No, idiota, me refería a ti-. Bueno, ¡que vamos a llegar tarde! A ver si charlamos más tranquilamente.

-A ver.

Y me ha dado dos besos y ha sido devorado por la muchedumbre en dirección contraria a la mía.

Muchas veces me he preguntado, avergonzada, si la animadversión que me sigue provocando Raúl once años después de nuestra ruptura quizás esté motivada porque siga sintiendo algo por él. A fin de cuentas, no es muy normal que mantenga esta rigidez emocional y hasta protocolaria, cuando ha pasado tanto tiempo y tengo una hija maravillosa y un marido al que adoro, que vale un potosí y con el que comparto dieciseite veces más inquietudes, afectos y parcelas de mi vida que lo que jamás podría haber compartido con Raúl. Entonces, me he interrogado al hacer el transbordo esta mañana, ¿por qué actúo así? ¿Por qué no soy capaz de reciclar mi rencor en la más absoluta de las indiferencias?

Al llegar a mi estación, según ha saltado el hilo de voz de Metro de Madrid en el vagón para anunciar el destino, he dado súbitamente con la respuesta. En realidad, no le tengo animadversión a Raúl. Mi problema es eso: problema mío, problema conmigo misma. Cada vez que pienso en él o lo veo, me topo con un espejo que me devuelve la imagen de niñata colada hasta los huesos por el guapo de la promoción; la imagen de enamorada como una tonta de un egoísta tan incapaz de dar ni una pizca de afecto a nadie como para, tras seis años de relación, obligarme a dar yo el paso de romper porque él había dejado de quererme y ni siquiera se atrevía a decírmelo. Me veo tan diferente a aquella idiota que le llamaba lloriqueando de madrugada pidiéndole una segunda o una tercera o una cuarta oportunidad, como quien pide peras a un olmo muerto de sequía, que ahora, cada vez que lo veo, sencillamente, no puedo perdonármelo a mí misma. Él, ya, a estas alturas, me da igual. Pero yo, tonta, más que tonta, no dejo de odiarme un poco por todo aquello.

Al salir de la boca del Metro, el cielo de Madrid estaba rabiosamente azul y despejado.

Día de nubes y claros.

viernes, 21 de agosto de 2009

Belén Esteban, la voz de los 'sin voz'

Estaba yo amodorrada el otro día, en la hora de la siesta, hecha una albóndiga en el sofá pequeño (mi marido se me adelantó y pilló el grande). Teníamos el ventilador a tope y la tele acompañándonos en nuestro sueñecito digestivo con un runrún casi imperceptible... Hasta que me despertaron de mi letargo unos sonoros aplausos y la inconfundible voz gritona de Belén Esteban. Bajé de las nubes de mi siesta y me incorporé, alucinada ante la imagen de una Belén Esteban en versión Pasionaria, haciendo gala de su chulería habitual pero con un trasfondo de verdad interesante en lo que decía. Y sobre todo: retratando, con poco rigor, con mucha demagogia y más gritos, pero retratando, a fin de cuentas, un malestar real, existente, más que latente, en la calle y entre la gente.

Qué país éste cuando cabe esperar que las verdades como puños las diga una chica consagrada a ser caricatura de sí misma, maleducada, y famosa por haberse dejado preñar por un torero al que han llegado a tirar una ristra de bragas desde el tendido.

A veces tengo miedo.

jueves, 20 de agosto de 2009

La eme con la, ma

-Mamá, te quiero mucho.

Así es como mi hija Elena me saludó ayer por la tarde, cuando hablamos por teléfono. Ni hola, ni qué tal. Directamente, por sorpresa y a traición, me disparó esa frase que, cómo no, me dejó derretida, cautiva, a sus pies. Y es que, no es porque yo lo diga, pero tengo la mejor hija del mundo.

Elena nació hace cinco años y tres meses, y como no podía ser de otra manera, nos cambió la vida, a su padre y a mí. Tener una hija, claro, te transforma e incluso te trastorna: cambias radicalmente de hábitos, de modo de vida, sacrificas pequeñas parcelas muy tuyas para que otras desconocidas sean invadidas por la presencia nueva y desconcertante de una persona que ha venido a ocupar un hueco central de tu mente, tu espacio, tu tiempo, tu todo. Te pasas nueve meses leyendo libros sobre la experiencia de la maternidad, preguntando y observando a las amigas que se te han adelantado en la aventura, filosofando sobre lo que crees que va a cambiar, los miedos y las ganas que tienes, el vértigo, las expectativas, las dudas. Y luego nace y simplemente, simplemente está ahí y te dejas llevar. Claro que cambia todo. Pero es mucho más fácil, y a la vez más complicado, en definitiva, diferente, a como lo habías imaginado y planeado.

Este fin de semana iremos mi chico y yo a verla al pueblo de Burgos donde está veraneando, con mis padres, que se montan cada julio y agosto una guardería con todos los nietos y nietas. Vamos todos los fines de semana y, aunque mentiría si no dijese que disfruto mucho de mi ociosidad de entresemana y mis vacaciones como madre, también es verdad que al llegar el miércoles ya estoy ahogándome a la espera de que sea viernes y cojamos el coche para darle un abrazo inmenso.

Ser mamá agota, y muchas de las cosas que se venden como maravillosas de la maternidad, son, francamente, pulseras esclavas a una realidad que no es tan idílica y que te hace renunciar a pequeñas cosas que, cuando tienes, apenas aprecias o valoras. Pero también es verdad que es lo mejor que me ha pasado jamás, y que, las cosas buenas, son mucho mejores de lo que jamás había pensado. Eso sí: me he vuelto de un cursi...

-Yo también te quiero, hija. Más que a nada.

-¿Más que a papá? -me ha preguntado, la muy socarrona, ¡pero si tiene cinco años!

-Sí -a socarrona no me gana nadie-: pero no se lo digas, que luego le tengo que aguantar yo.

Y nos reímos un rato, teléfono a través. Es para comérsela.

miércoles, 19 de agosto de 2009

La insoportable levedad de este blog

¿Quién dijo vacaciones? A mí me toca pringar, y quedarme en Madrid como una tonta. Como una esclava. Como una curranta precaria, que es lo que soy. Las únicas vacaciones que me tomo son como madre: he mandado a mi hija de cinco años al pueblo de mis padres, con ellos y un nutrido grupo de primos y primas de todas las edades posibles. Y es que eso de tener sólo un hijo es algo excepcional en mi clan. Soy la cuarta de seis hermanos, y tengo siete sobrinos, más una de camino. Luego dicen que la familia está en crisis. Bueno, la verdad es que todo está en crisis últimamente.

Yo no me quejo. Me quedé en paro hace catorce meses, cuando hablar de la crisis era una traición agorera y pesimista a la patria ('Por el pleno empleo', Zapatero dixit), y el pasado febrero, contra todo pronóstico, encontré trabajo, y 'de lo mío', más o menos. Estudié Periodismo, que es como no estudiar nada, y a eso me dedico, a un poco de mucho y a nada en concreto: trabajo en una editorial mediana haciendo correcciones de estilo, organizándoles el archivo y ayudando en las cosas de relaciones con los medios. Muchas horas, poco sueldo. Lo normal.

Como mi chico tampoco tiene vacaciones hasta octubre (a saber si podemos escaparnos algunos días, dejando a la niña en casa de alguna de mis hermanas), nos pasamos julio y agosto dedicando las tardes libres (¡bendita jornada intensiva!, algo bueno tenía que tener currar en verano) a intercambiarnos las novelas de la trilogía Millenium, a repasar la filmografía de Alfred Hitschcock y a disfrutar de la terraza con los amigos que han vuelto o están a punto de irse de vacaciones.

-Maite, ¿y por qué no te haces un blog? -me dijo ayer mi marido, en mitad de una conversación con unos amigos, que versaba sobre las redes sociales, las bitácoras, lo 2.0 y la insoportable levedad de la sociedad virtual, y tontunas de este tipo. Tontunas que yo, como buena analfabeta digital por mucho que pueda pasarme horas y horas navegando en Internet, no controlo ni tengo interés en controlar.

Pero el caso es que todos los presentes empezaron a agasajarme con piropos y ánimos varios, que si "con lo bien que escribes, nena", que si "con lo mucho que te gusta ejercer de tertuliana", que si "tú, que no te callas ni debajo del agua" (no estoy segura de que esto fuese un piropo)... que terminó picándome el gusanillo. Y aquí estoy, bastante escéptica sobre el mundo bloguero en general, pero dispuesta a dar la tabarra.