Estaba yo amodorrada el otro día, en la hora de la siesta, hecha una albóndiga en el sofá pequeño (mi marido se me adelantó y pilló el grande). Teníamos el ventilador a tope y la tele acompañándonos en nuestro sueñecito digestivo con un runrún casi imperceptible... Hasta que me despertaron de mi letargo unos sonoros aplausos y la inconfundible voz gritona de Belén Esteban. Bajé de las nubes de mi siesta y me incorporé, alucinada ante la imagen de una Belén Esteban en versión Pasionaria, haciendo gala de su chulería habitual pero con un trasfondo de verdad interesante en lo que decía. Y sobre todo: retratando, con poco rigor, con mucha demagogia y más gritos, pero retratando, a fin de cuentas, un malestar real, existente, más que latente, en la calle y entre la gente.
Qué país éste cuando cabe esperar que las verdades como puños las diga una chica consagrada a ser caricatura de sí misma, maleducada, y famosa por haberse dejado preñar por un torero al que han llegado a tirar una ristra de bragas desde el tendido.
A veces tengo miedo.
viernes, 21 de agosto de 2009
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