miércoles, 19 de agosto de 2009

La insoportable levedad de este blog

¿Quién dijo vacaciones? A mí me toca pringar, y quedarme en Madrid como una tonta. Como una esclava. Como una curranta precaria, que es lo que soy. Las únicas vacaciones que me tomo son como madre: he mandado a mi hija de cinco años al pueblo de mis padres, con ellos y un nutrido grupo de primos y primas de todas las edades posibles. Y es que eso de tener sólo un hijo es algo excepcional en mi clan. Soy la cuarta de seis hermanos, y tengo siete sobrinos, más una de camino. Luego dicen que la familia está en crisis. Bueno, la verdad es que todo está en crisis últimamente.

Yo no me quejo. Me quedé en paro hace catorce meses, cuando hablar de la crisis era una traición agorera y pesimista a la patria ('Por el pleno empleo', Zapatero dixit), y el pasado febrero, contra todo pronóstico, encontré trabajo, y 'de lo mío', más o menos. Estudié Periodismo, que es como no estudiar nada, y a eso me dedico, a un poco de mucho y a nada en concreto: trabajo en una editorial mediana haciendo correcciones de estilo, organizándoles el archivo y ayudando en las cosas de relaciones con los medios. Muchas horas, poco sueldo. Lo normal.

Como mi chico tampoco tiene vacaciones hasta octubre (a saber si podemos escaparnos algunos días, dejando a la niña en casa de alguna de mis hermanas), nos pasamos julio y agosto dedicando las tardes libres (¡bendita jornada intensiva!, algo bueno tenía que tener currar en verano) a intercambiarnos las novelas de la trilogía Millenium, a repasar la filmografía de Alfred Hitschcock y a disfrutar de la terraza con los amigos que han vuelto o están a punto de irse de vacaciones.

-Maite, ¿y por qué no te haces un blog? -me dijo ayer mi marido, en mitad de una conversación con unos amigos, que versaba sobre las redes sociales, las bitácoras, lo 2.0 y la insoportable levedad de la sociedad virtual, y tontunas de este tipo. Tontunas que yo, como buena analfabeta digital por mucho que pueda pasarme horas y horas navegando en Internet, no controlo ni tengo interés en controlar.

Pero el caso es que todos los presentes empezaron a agasajarme con piropos y ánimos varios, que si "con lo bien que escribes, nena", que si "con lo mucho que te gusta ejercer de tertuliana", que si "tú, que no te callas ni debajo del agua" (no estoy segura de que esto fuese un piropo)... que terminó picándome el gusanillo. Y aquí estoy, bastante escéptica sobre el mundo bloguero en general, pero dispuesta a dar la tabarra.

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